La revolución se terminó! Una batalla utópica por lo inexistente

Con clara vocación setentista, la manada y las “tendencias progres” de la aldea global, empujan a nuestras jóvenes huestes hacia una batalla utópica, no por lo sublime, sino por lo inexistente.

La falta de cultura, información y la ausencia de líderes referentes es el caldo de cultivo perfecto para movilizar y “hacer decir” lo que el manual de procedimientos estipula.

Una gran estructura transnacional donde el apoyo financiero dirige su gran poder hacia la desestabilización de los modelos más equilibrados de convivencia social, “plantando” dilemas y nuevas concepciones en pos de la pseudo modernidad y evolución lógica de las sociedades, es la herramienta silenciosa que pocos perciben, pero todos padecemos.

Los temas en cuestión y a modificar son: modelo económico, empoderamiento de determinados colectivos sociales, relativizacion de la Fé, sea cual sea, y el menosprecio a la Vida de los dos extremos del ser humano, el niño por nacer y la ancianidad.

Es una pseudo revolución que en sus carteles habla de un nuevo modelo global de sociedad, pero que desprecia profundamente a débiles e inocentes, ya que son el descarte de una concepción donde parece que solo una determinada parte cronológica de nuestra Vida, es la que sirve, lo demás es “descartable”, molesta, da trabajo y sale caro económicamente hablando.

Pero hay profundas diferencias entre esta supuesta Revolución y la de los ’60 / ’70, y está basada en los objetivos por los que se luchaba. Hoy el objetivo es idelogico y apoyado en la disconformidad de un sector de la sociedad, en cambio, en aquellos años, la única ideología era la libertad y la democracia, ambas heredadas por esta nuevas generaciones de revolucionarios, que pocos saben cuánto nos costó alcanzarlas.

Esa llama actitudinal del revolucionario actual, se intensifica en adolescentes y jóvenes, con absoluta justificación de su “revolución hormonal” pero que es aprovechada por los “líderes de la oscuridad” de siempre, que hoy pululan más que nunca en un caldo de cultivo donde la mediocridad intelectual y la pobreza social les ofrecen unas condiciones óptimas para sus perversos planes.

Es imprescindible que la sociedad toda comience a trabajar en la creación de un marco donde la educación, cultura e información sean los antivirus imprescindibles para esta enfermedad social, para que además garanticen que cada ciudadano pueda contar con criterio propio para adoptar lo que le sea más conveniente y descartar lo nocivo, siempre pudiendo contar con las capacidades mínimas de análisis de lo que pasa por delante de nuestras narices en materia de propuestas políticas y sociales.

Es indudable que hay un cambio de paradigma, y que vamos transitandolo muy rápida e intensamente, donde los “buenos propósitos” son la receta que todos los grupos revolucionarios ofrecen en pos de mejores condiciones de vida y libertad. Pero me quedo con la máxima de San Francisco de Sales que dice:

«El infierno está lleno de buenas voluntades o deseos»

Gustavo Rachid

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