16.500 euros por pasar 60 días tumbados en una cama

Por fuera parece una losa gigante. Por dentro el envihab –de las palabras inglesas environment (“ambiente”) y habitat (“hábitat”)– se asemeja a una estación espacial: una instalación de 3.500 metros cuadrados, sin ventanas.

En cada habitación hay una cama cuyas cabeceras están inclinadas 6 grados por debajo de la horizontal. “Esto imita los efectos de la microgravedad en los músculos, huesos y tendones de los voluntarios”, indica la investigadora Michaela Girgenrath. “Al estar tanto tiempo recostados, los fluidos corporales se alteran. Es la manera que tenemos de reproducir en tierra algo que sufren tanto los hombres como mujeres en órbita: un incremento de la presión intracraneal y cambios en la retina y el nervio óptico”.

La vida se ha desarrollado bajo la influencia permanente y dictatorial de la gravedad, pero una vez que los seres humanos abandonan el planeta, las consecuencias de esta liberación se presentan en cascada. Sin la gravedad que empuja la sangre hacia las piernas, las cabezas de los astronautas se llenan de fluidos, lo que da como resultado el síndrome de cabeza hinchada y patas de pájaro, una sensación de resfriado constante, acompañada por el desgaste de músculos y huesos.

Vivir en el espacio por más de unos pocos días es  malo para la salud. 

Los análisis realizados en el astronauta estadounidense Scott Kelly –que regresó a la Tierra después de pasar un año en órbita mientras su hermano gemelo Mark Kelly permaneció en el planeta– mostraron que incluso el sistema inmunitario y la vista se ven afectados.

De ahí la importancia de los estudios de reposo en cama, que ofrecen a los científicos formas de ver cómo el cuerpo se adapta a la ingravidez. Tanto la NASA como la agencia espacial europea (ESA) realizaron varios de estos experimentos anteriormente, y esta vez comenzaron a hacerlos de forma conjunta.

“Ahora todo el mundo está pensando en el regreso humano a la Luna”, señalan. “Pero no estamos preparados para viajes espaciales largos. Hay muchas preguntas que tenemos que responder. Por ejemplo, qué medidas debemos tomar para contrarrestar la pérdida de masa muscular en otros mundos o ambientes con menos gravedad, o cuál debería ser el mejor entrenamiento físico a realizar en órbita. Actualmente, los astronautas entrenan de dos a tres horas por día en la Estación Espacial Internacional. Y hemos visto que no es del todo efectivo”.

Los actuales voluntarios tienen entre 24 y 55 años. Miden entre 153 y 190 centímetros y no fuman. Son cuatro mujeres y ocho hombres. “Quisiéramos tener seis hombres y seis mujeres, pero hemos notado que a las mujeres no les interesa mucho participar en estos estudios”, afirman los investigadores.

Los voluntarios deben hacer todo lo que hacen en un día normal, manteniendo al menos un hombro en contacto con el colchón en todo momento. Ellos no lo advierten, pero en las habitaciones hay un ligero aumento de dióxido de carbono, que imita el entorno de la Estación Espacial Internacional.

Cada día comienza con estiramientos y masajes realizados por fisioterapeutas. Un desfile de médicos pinchan a los participantes con agujas, les toman la presión y muestras de orina. Les hacen exámenes de sangre, así como pruebas cognitivas, de audición y de agudeza visual.

 

Fuente: Ecoavant

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